domingo, 27 de noviembre de 2016

Has olvidado el pintalabios en mi mesa de trabajo

Hay una curiosa asamblea en mi escritorio.
Ahí está mi cámara, un bolígrafo,
un teclado y su ratón 
y, algo hacia atrás,
la pantalla del ordenador.
También está tu pintalabios violeta
y tu pulsera de piedrecillas de colores,
esa que yo digo que parece de una niña.
Hay dos bolígrafos más y un lápiz que no sé que pintan
ni qué quieren escribir estando ahí. El teclado es más rápido.
Una funda de gafas, lápices en un vaso, un abrecartas,
(estoy pensado en que sí que podría pintar algo
o manchar el papel, herramientas no me faltan),
tres libretas de colores,
varios blocs de espiral.
Hay dos teléfonos fijos. Un teléfono móvil
(podría llamar a alguien, a ti, por ejemplo,
para preguntarte si lo del pintalabios
es un descuido intencionado para recordarme
que tus labios son voluptuosos, sensuales, prominentes,
inquietos e inquietantes…).
Está tu tablet, en su funda,
te la habrás olvidado,
siempre olvidas algo con tus prisas.
También, junto a un teléfono, hay dos tarjetas,
la de un fontanero (sí, convendría cambiar la pila del lavabo)
y otra de un abogado
(¿vas a llamar a un abogado para tramitar tu divorcio, 
o sea el mío, es decir, el de ambos?)
Está bien.
Sabes que estaré de acuerdo
en que nos divorciemos de mutuo acuerdo,
lo que no entiendo es para qué quieres llamar al fontanero
¿acaso esperas que sea yo el que se vaya de casa?
No me jodas, nena, que trasladar todos los libros
y los discos…
con todas las notas pegadas que tengo en cada uno de ellos
(ya sabes que hace tres años que descubrí la utilidad del posit).

También tengo en la mesa
una hoja medio escrita a mano
que dice… Ay, no, no quiero releerla,
es un apunte sentimental,
me enternece.
Qué cosas escribo a veces, menos mal, 
menos mal que rompo muchas notas.
Ah, hay una tuya, donde te recuerdas que deberías
llamar al señor Clodio ¿quién es ese?
¿Por qué dejas tus notas en mi mesa?
Como esas tres que has pegado en la pantalla del ordenador…
diciendo que no debería interesarme en muchachas jovencitas.
Con un poco de ironía me repites, me repites, me repites,
que hice ayer el ridi en el supermercado.
Me dijiste allí,
después de comprar tus yogures de soja desnatados,
que no estaba bien que echara el ojo de modo descarado
a aquella veinteañera que iba con su madre 
empujando el carro lleno...
Pero es que fuimos los dos a la vez quienes cruzamos las miradas
Y las retuvimos. Y tu al vernos te pusiste celosilla…
Que ya no tengo edad 
para jugar al coqueteo con jovencitas, 
como si su impulsiva vanidad fuera conmigo,
y aun menos, aun menos, aun menos, con su madre al lado...
¡qué vergüenza!
Por suerte viste el jueguecito desde el área de lácteos,
algo lejos
(por cierto, mientras tanto hablabas sonriente con un calvo
¿da para ligar eso de admirarse ante la abundante oferta de yogures?)
De reojo, digo yo, verías que ella, su mamá y yo 
andábamos por la zona de conservas de pescado
sin cruzar palabra.
Estando algo más cerca no hubieras imaginado tantas cosas.

A mi no me turbó que su mamá se diera cuenta
de que los ojos de su hija se clavaban en los míos.
Solo eran miradas… aunque no sé qué pensaría
cuando la joven se echó atrás la chaqueta
y exhibió con tierna voluptuosidad el perfil de su cuerpo
(no sé si viste eso, mejor si no fue así, te irritaría).
Tal vez la mamá le echó un sermón después,
pero si la chica tiene la personalidad que le supongo,
una reprimenda hará que se interese más por mí.
Pero yo solo la miraba, era bonita. No te sientas celosa.
No quiero que sufras por mis pequeños coqueteos.
Además, al supermercado solo voy si voy contigo.
Por cierto, si vas tu sola y ves al calvo de los yogures,
deberías evitar esa sonrisa tuya más que amable…
Y ese  fontanero… me has de decir para qué tienes su tarjeta…
y por qué te olvidas tantas cosas en mi mesa de trabajo,
que empieza a no ser grande si la ocupamos los dos, 

pero ¿sabes?
Podrías comprar un pintalabios protector y transparente
y olvidarlo más a menudo.
Podría tomártelo prestado para proteger mis labios resecos
(¡hace tanto que no nos damos besos húmedos!)
pero no me atrevo con el violeta.

Aunque ¡ja ja! se me ocurre una travesura:
me los pintaré y cuando llegues
y entres en casa sin mirarme apenas,
como siempre,
te llenaré de besos las mejillas.
Sé que no me darás tiempo a llevarte hasta el espejo
para que veas en tu cara las huellas moradas de mi boca.
Te encenderás como solo mi pasión puede encenderte…
Me abrazarás y tal vez me empujes al sofá…

Ay, qué rico ese arrebato.
Habrá que preparar la cena. La cena, sí.
Esperemos un poco. 
¡Qué relajo!

No te olvides otra vez el pintalabios en mi mesa
¿De veras quieres que tramitemos el divorcio?
¿Quién te ha dado la tarjeta de ese abogado?
¿Hay algún tipo que te gusta por ahí fuera?
¿No será amigo tuyo el fontanero?
¿Vas a ligarte al calvo?
No he vuelto a ver a la veinteañera del supermercado.
Era bonita.
Si sigues besándome en el pecho,
no pondré la mesa…
Amor mío, ya cenaremos más tarde.

Si mañana te olvidas otra vez el pintalabios en mi mesa,
tardaremos mucho tiempo en divorciarnos.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Som aigua?

L'aigua rellisca per la vela de plàstic transparent del bar 
a on prenem cafè i parlem.
ve dels núvols i va a l'empedrat que la filtra
cap a una fondària invisible.
Som  aigua?

domingo, 20 de noviembre de 2016

La única duda que no tengo

Cuando la verdad te decepciona,
cosa esta que acontece con frecuencia,
asoma divertida la mentira
que asalta fácilmente tu conciencia.

Tomarla y recrearla siempre excita.
La puedes vestir o desvestir
tal como quieras
o dejarla con déshabillé,
bien atractiva.

Pero si te entusiasmas
y te acuestas con ella
buscando amor y fama,
lo más fácil es que caigas de la cama.
Y el suelo casi siempre es duro.

La duda en cambio es una gran señora
que te envuelve en la sensualidad del gris
con elegancia
y te despierta siempre delicadas fantasías.
Yo amo a la duda.

La duda es fiel a tu cabeza.
Desnuda tus verdades
y envuelve a las mentiras en sofismas
para hacerlas algo más encantadoras,
excitando sin cesar el pensamiento.

Nunca te caes.
Con la duda siempre flotas.
Es generosa en proponer paseos
y si te lleva al huerto
es que trata de mostrarte 
las aristas cortantes de lo cierto.

Amo a la duda.
Siento por ella un amor que me enamora.
Si la deseo, suaviza los hervores de mi mente
Es capaz de prender la luz tras un mal sueño
o de abrigarme cuando siento frío intenso.

La duda me entusiasma y me relaja.
Me pone en el camino de ser dueño
de todo cuanto pienso.
La duda nunca falla.

Yo sé que mi amor por ella es interesado,
pero ella y yo somos leales compañeros.
Incluso cuando estoy enamorado 
de muy obvias verdades
o de esbeltas mentiras seductoras,
ella está también conmigo
y yo cuento con ella 
en esos líos
de duplas y de tríos.

Amo a la duda,
esa es la única duda que no tengo.



sábado, 19 de noviembre de 2016

lunes, 14 de noviembre de 2016

La más bella

Aquel que deshoja margaritas porque sí
comete crímenes de lesa flor.

El que lo hace como yo,
cantando síes y noes
en pétalos que no arranca,
se tortura un poco más
por hacer la cuenta bien.

Pero mi tormento, el verdadero,
es ella, la más bella,
la que no me dice que si,
la que no me dice que no.
La que ha llenado su casa de jarrones
y de pequeños búcaros,
todos luciendo margaritas
u otras flores parecidas.

No quiero ser un criminal
No quiero matar flores
No quiero deshojar las margaritas,
prefiero que ella, la más bella,
las deje morir con lentitud
como mueren los adornos vivos, todos,
como se ajan las facciones de las bellas.

No voy a deshojar la margarita,
No quiero ser un criminal.
Qué tontería,
si es que en realidad quiero que me diga que no.
No soportaría una vida compartida,
día a día,
con sus flores muriendo en los jarrones
colocados en todos los rincones de la casa,
de su casa,
de su ordenada casa.
Incluso en la cocina
hay florecillas,
en una cocina que no huele a nada.

Esa mujer que no abre el apetito,
bella sin olor,
tiene siempre margaritas en su casa.
y ya me ha confesado
que nunca ha deshojado una.

Margarita, así se llama también ella,
es hermosa, perfecta
narcisista,
la más bella,
y su cocina no huele a nada.

Y pensar que me enamoré de Margarita
por el clavel que llevaba en el pelo
aquella noche.

Aquel clavel olía y era rojo
y más tarde su cuerpo
bañado en mi sudor
también olía a hembra
pero solo fue una noche
y en mi casa.
Allí no había flores que deshojar
y fuimos al grano.

Aquí, en la suya, que es más grande
y más cómoda
tardaríamos demasiado en ser felices.

Aunque ahora yo ya no tengo casa…
Me quedaré unos días más. Con ella,
la más bella,
por si nos apañamos.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Me gustabas mucho más entonces

Me gusta esa muchacha esbelta.
Se ha sentado a una mesa, en la terraza.
y ha encendido un cigarrillo.
Me deleito en sus gestos
y me admira su manera de cruzar las piernas.

Pero me gustaba mucho más en otro tiempo,
cuando no había móviles
porque ahora no hay manera, no hay manera
de encontrarle una mirada.

Está atenta a la pantalla
y se encorva sobre su luz artificiosa
cuando escribe.
Su silueta ya no es grácil
No parece tan airosa como antes.

Hace un rato que quiero ver las niñas se sus ojos
y mirarla sonriendo para que le brillen,
como antaño.
Pero ella sigue atenta a la pantalla,
atenta a la pantalla,
Cada vez más encorvada.

Me gustaban más las muchachas que fumaban,
cuando no había móviles
y podíamos cruzar miradas, sonreírnos
y hasta puede que tomar otro café,
charlando.

Así nos conocimos una tarde.
Sus ojos reían en los míos
y mis ojos reían en los suyos.
Nos hicimos amigos
y, risa a risa, muy buenos amigos.

Pero ahora se ha echado un amante
que no la hace reír apenas,
que ilumina malamente sus facciones,
robándole belleza.

Es triste ver a una mujer garbosa así, 
encorvada sobre un amante que no la hace reír.

Me gustabas mucho más entonces.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Me hace rico

Siempre me han ido mal las cosas,
ni siquiera me han ido regular.
Yo siempre he sido pobre,
pobre de solemnidad.

Pobre hombre,
decía el panadero,
cuando me fiaba el pan.

¡Y tan joven…!
dice ahora su señora,
que no me fía ya.

Pero el día más pobre de mi vida
—iba soñando en pan—
la encontré.

Y desde entonces soy rico
—ya no echo en falta el pan—,
me enamoré.

Yo la adoro
me hace rico
tengo el oro
de su  pelo.
Tengo pico
para hablar
y su amor
para cantar.

Ahora no es que me vayan bien las cosas,
ni siquiera me marchan regular,
pero no me siento pobre,
pobre de solemnidad.

¡Vaya chico!
exclama la casera
cuando viene a cobrar.

Ya no es pobre,
se dice tan contenta,
aunque no voy a pagar.

Y es que en el día más pobre de mi vida
—iba con el pecho contraído
y los bolsillos vacíos—
la encontré.

Tanto ha cambiado mi suerte
que  no siento los bolsillos
y desde un henchido pecho
surge risueña mi voz:

Yo la adoro
me hace rico
tengo el oro
de su  pelo.
Tengo pico
para hablar
y su amor
para cantar.


martes, 8 de noviembre de 2016

Las piedras del camino


Mira que morirse un 6 de noviembre,
igual que en el setenta Agustín Lara,
otro flaco,
otro amante de la música, 
otro amante de sus amantes.

Los hombres apasionados aman a la música,
a la poesía y a las piedras del camino por igual.

Lara, como tantos, tantos flacos, amó mucho
y a menudo indebidamente
si es que hay amores indebidos
y se definió como cursi,
aunque, la verdad,
sin serlo en la medida en que juzgaron algunos.

Las casualidades no encierran mensajes
que deban ser leídos según razones ocultas
como quieren creer los que no se creen a sí mismos,
los que no saben navegar por su cerebro.

Yo, esperando un viento fuerte,
el que "me lleve a mi sitio", que decía León Felipe,
navego todos los días por el interior de mi cabeza.
Y esta noche he recalado en un puerto
donde estaba varado mi amigo Enrique,
el que se ha muerto un 6 de noviembre
como Agustín Lara,
y hemos empezado a conversar
sobre si es jodida o no la muerte.

¿Es jodida la muerte?
Es jodida, me ha respondido,
aunque sin convicción,
cosa rara en él.
Tal vez estaba dilucidando si es bueno
morir liberándose del dolor físico
y gozando, a la vez, 
de la intensidad emocional
que alentó su vida
hasta el último instante.

No es tan jodidale he dicho yo.
El que ha vivido y ha amado:
a la música, a las mujeres y a las piedras,
no muere nunca del todo
porque perduran sus afectos 
en las personas y en las cosas.

Hasta que esas cosas no desaparezcan,
es decir, mientras vivan las personas,
las músicas, del guanguancó a Bach,
y permanezcan las piedras en el camino,
uno no muere.

Tal vez no sea tan jodida la muerte,
ha contestado.
 Aunque se ha quedado pensativo.

(8-XI-2016)

domingo, 6 de noviembre de 2016

Tot és silenci a l'infinit

De vegades la vida es fa dura i espinosa.
De vegades és difícil acoblar-se
i afinar la teva veu amb la dels altres.

Tenim un amic, però,
a qui ja no li cal emprendre cada dia
la tasca feixuga de ser bo,
ni complir l'exigència de fer el bé
ni sentir les àrdues alegries
o les tristors necessàries de la vida.

Tenim un amic que no sospita ja
com encara nosaltres sospitem
que la terra promesa no existeix.

Un amic alliberat del compromís
d'escoltar-nos i de dir-nos que tenim raó.

Per a nosaltres, ara,
hauria de ser fàcil de concebre
que tenim un amic que ja no espera
afinar la seva veu amb altres veus
perquè tot és silenci a l'infinit.