domingo, 2 de octubre de 2016

Rastros

Cabezas borrosas de animales desconocidos asoman por el horizonte
¿soy yo quien los mira o son ellos quienes estiran el cuello para verme?
¿Viene el invierno hacia mí o soy yo quien avanza hacia él?
¿Camina la vida hacia la muerte
o es la muerte quien busca una presa en mí?
¿Moriré de frío? 
¿Moriré de asfixia?
¿Moriré?
Y si muero, una vez muerto 
¿me amará alguien todavía?

Los muertos no aman.
Y no recibe nada
el que nada puede dar.

Nadie puede amar a quien no ama a nadie.
Pero yo que he amado tanto
y he dejado tantos rastros de amor en los caminos
quizá merezca ser amado un tiempo
una vez muerto.
No digo recordado, digo amado.
Después, como todos,
mereceré los olvidos que imponen los afanes por lo nuevo.
Pero antes de olvidarme,
si sientes que te he amado,
ámame.
Quien ama a quien le ha amado
se ama a sí mismo
y en ese amor bulle la vida.

En ese amor, tu amor por ti,
vivirán siempre aquellos que sembraron con su amor tu amor.

Si ellos pudieran seguir viviendo en ti, 
no les importaría morir. Ámalos.
Yo, por mi parte y mal que bien, 
seguiré por aquí, 
en busca de otro amor eterno.

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