lunes, 19 de septiembre de 2016

El vestido 'vintage'

Ese vestido gris que llevas hoy 

con rayas verticales en azul,

ajustado a tu cuerpo, sin exceso,

abotonado todo,

del escote en pico a las rodillas,

esmalta tu figura

con esa elegancia mañanera tuya,

inconfundible.

 

--¿Te gusta?

Es de una colección vintage,

inspirada en antiguos vestuarios de trabajo.

--Su sencillez es su virtud.

Me recuerda que en mi adolescencia

en un viaje,

me alojé en un albergue juvenil

y allí las camareras

llevaban uniformes parecidos.

--¿Eran jóvenes?

--Sí, todas. A excepción de la encargada.

--¿Bonitas?

--Casi todas. Había una morena muy salada. De ojos grandes.

--¿La mirabas a los ojos?

--¡Claro! No iba a mirarle solamente los botones del vestido... 

--Claro, ja ja, claro.

Una noche, después de la cena, coincidimos en la calle...

--¡Fue casualidad, seguro!

--Lo pareció.

La acompañé a su casa, paseando.

No vivía lejos y charlamos un poquito.

Llevaba otras ropas muy holgadas.

No la favorecían.

--¿No se lo dirías…?

--Casi. Solo le comenté que le quedaba muy bien el uniforme…

Se rió.

--Ya.

Querida, no vayas a creer…

--Eres un insolente.

--…no vayas a creer que tu vestido, tan moderno, vintage, tan elegante…

--Mi vestido, cuando lo llevo puesto, es incomparable.

Como yo misma.

--Eres incomparablemente bella. Con vestido o sin vestido…

--Sin vestido no me vas a ver a hoy.

--Pero ¿no íbamos a pasar la noche juntos, después del cine?

--No. Se me olvidó decirte que mañana estoy copada de trabajo.

--Pero, amor mío…

--No hay peros ya que valgan. ¿Me acompañarás a casa?

--Por supuesto… aunque si no toda la noche, podemos... un ratito…

--No. Ni un rato ni un ratito. 

¿Qué pasó con la morena, aquella noche?

--Nada, nada. La dejé a la puerta de su casa.

--¿Seguro?

--Seguro. Ya te he dicho que vestida de calle era otra cosa…

--¡Ja! Seguro. Tenías ¿cuántos años?

--Dieciséis.

--Eres un embustero.

Insolente, metepatas y embustero.

--¡Cielo mío…!

--¿Qué pasó con la morena aquella noche?

--¡Aquella noche, nada!

--¡Lo sabía! ¡Aquella noche, la primera, nada! 

Sabía que mentías y que estabas pensando en cosas tuyas

desde que has empezado a hablar de mi vestido.

Me voy a casa.

--¿No quieres ir al cine?

--Ya no.

--Te acompaño.

--No. Tomaré ese taxi.

--¿Nos vemos mañana?

--No. A no ser que me cuentes qué pasó con la morena.

--Nada, nada. Te lo juro.

--Hasta otro día, guapo.

--¡Cielo mío…!

--Adiós.

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