lunes, 29 de agosto de 2016

No sé si recuerdas aquella nube rosa

Aquella tarde en la terraza del Savoy
miramos a lo alto
tu desde tu mesa y yo desde la mía.
Ambos nos fijamos en una nube rosa.

Todas las casas de enfrente
parecían haberse empequeñecido
Eran grandes las nubes que pasaban.
Las  había densas y muy blancas
Las había con aberturas azules
del color mismo del cielo en que se sostenían
Las había que llegaban manchadas con reflejos rojos
y al moverse se adornaban con los tonos
de una extensa paleta de mostazas…

Llegaban, se quedaban, se marchaban,
cambiaban de forma y expresaban
que los aires son inquietos, caprichosos, que lo mueven todo.

Pedí otro expreso. La tarde era dorada.
Tú también pediste alguna cosa al camarero.
Tal vez otro café, y la cuenta.
Yo no te miraba… 
Ibas a cerrar el libro. Tú tampoco me mirabas.

No sé si lo recuerdas… algo nos fascinaba.
Era una hermosa nube rosa.

Mirabas a lo alto, a donde yo miraba…
entonces una ráfaga de aire se llevó tu cuenta.
Y la llevó desde tu mesa hasta mi mesa
Oh, sonreíste.
Vaya, dije, simulando estar muy serio y contrariado.
Parece que tendré que invitarla a la merienda.
Reímos.
Tus ojos se miraron en los míos
y yo en los tuyos vi a la hermosa nube rosa,
tus ojos eran cielo para ella.

Las tardes de septiembre son preciosas
Es verdad, incluso son bellas con tormentas
Hoy no lloverá
Creo que no
Es una linda tarde para pasear
Podríamos tomar esa vereda, la que lleva al puente
¿Es de piedra?
Sí, muy antiguo.
¿Vamos?

Y fuimos. No sé si recuerdas aquella nube rosa.

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