jueves, 25 de agosto de 2016

Ícaros

Con alas construidas con el mismo material que la pasión
quieren volar por encima del mundo y del dolor
y despegan en sueños compartidos hacia el sol

Son portadores del sabor de las cerezas
Llevan pinceles mojados en el corazón de una sandía
para teñir el cielo de nuevas armonías

Visten con trajes de carne de melocotón
y se aprestan para próximas proezas
que nacen de su luz y su ilusión.

Son ícaros valientes y prudentes
que quieren alcanzar las nubes sin acercarse al sol
No es de cera su delirio
¿o tal vez sí?

Llueve. Vuelan.
Las nubes son oscuras.
La tierra tiembla, abajo.
Caen.
Todo es un torbellino de polvo de carbón.
¡Hemos de remontar!
¡Subiremos!
La tierra se ha desmembrado, es una ruina.
¡Tenemos que subir, salvarnos!
¿Para qué?
La tierra parece haberse destruido…
¿Para qué vamos a pintar su cielo con colores nuevos?
¡Dejémoslo azul…!
¿Y de qué vale el cielo, azul o con colores, si no hay un mar que lo refleje?
Hay más planetas
Pero sin vida.
No la hay ahora… pero tal vez un día…
Ya no hay días, ni tiempo, ni espacio, ni colores
Ya no hay nada más que una espesura de pavesas
Un silencio gris que rompe los oídos con mentiras.
Como hacían en la tierra las palabras de los que se habían adueñado de las cosas.
Tal vez nos conviene despertar
y volver al pasado a combatirles.
Nosotros, con nuestros colores y nuestros sueños,
inventaremos mentiras verdaderas que les matarán de vergüenza
Ah, si la tuvieran…
Levantaremos muros de amor para encerrarles
Se asfixiarán de perplejidad
Los oídos y las fosas nasales se les llenarán de moscas
Cavarán pozos en busca de escaleras enterradas que les permitan asomarse al mundo
A nuestro mundo de sueños invisibles a sus ojos
A nuestros sueños de colores.
No resistirán.
Nosotros tampoco.
¿quién sabe?
Lo bello no muere nunca. Tiene una esencia inmortal.
Volvamos.
Probemos.
Seamos.
Pintemos.
Vamos.



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