sábado, 27 de agosto de 2016

El fuego triste



Hay chispas en las notas tristes de la trompeta.
El contrabajo y la batería arropan sus fulgores
que se vuelven fuego en una larga frase del saxo.
Prende la música,
la tristeza y las emociones trepan por las paredes de todos los pozos del cerebro
para sumarse a la imprevisible armonía.
Es jazz, es el Blue Note. 
Es fuego, fuego triste y luminoso, 
esta noche.
Me guardaré la carpetita de fósforos por si algún día se apaga la luz de los recuerdos,
por si los busco a tientas y necesito la pequeña ayuda de un fósforo encendido.

Ah, no se cómo, pero están sonando en mi cabeza el enorme barítono de Mulligan y el piano de Brubeck, en Barcelona, en uno de aquellos festivales del Hot Club.
Y los timbales de Tito Puente, este sí en el Blue Note de Nueva York. Y Hancock, en Cannes. Y veo a Monk, sonriente, sentado al piano sin tocar, ido, en el Palau de la Música. Y a Gillespie, quietos los mofletes, en el centro del escenario, que le mira, le mira...  y, al final, sonríe.
Ahora llegan los pianos de Burrull, de Tete, de Miralles, el saxo de Roda, las congas de Pedrito...

Dejaré los fósforos a mano, en el primer cajón. Me gustará encontralos de vez en cuando
Voy a tomarme un Talisker con un chorrito de agua fría.
Después iré al Jamboree. Hoy toca Fumero.
Cerraré el cajón, no vaya a llenarse polvo.
Cerrado está, pero sin llave.




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