sábado, 9 de abril de 2016

Cobardes sin miedo

Esa gente parece no tener miedo, pero tampoco tiene valor.
Se cree segura al sentirse al abrigo de una sociedad hinchada y henchida de pequeños bienes materiales.
Esa gente se comporta (o nos comportamos*) como si no hubiera nada que perder; nada o casi nada que temer perder, como si la vida no valiera nada, como si todo, la vida misma, fuera tan solo un simulacro.
Y no es que esa gente sea (o seamos), valiente, es que ha (o hemos) perdido parte del instinto de supervivencia.
Si no morimos jóvenes (porque el miedo es un reflejo y sin reflejos no se puede durar), viviremos mal, adocenados, escogiendo tonos de gris marengo, que si más brillantes, que si mates... que si ¿qué más?
Nada. Y si no eres nada o casi nada, al morir no pierdes nada o casi nada.
El miedo es necesario, estúpidos.
No tener miedo es de cobardes. De gente que no es capaz de hacer nada por la gente. De gente que tiene miedo a la vida, y lo siente.

(*) La gente somos todos. Yo no soy yo sin la gente, incluida esa gente sin valor.
Y no sabéis cómo me jode eso, que seáis así, que seáis como yo, o yo como vosotros ¡cobardes!

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