martes, 9 de febrero de 2016

Azahar

Viento. Azahar.
La luz de la tarde se desmaya sobre las llanuras verdinegras de naranjales.
La línea del horizonte engulle al sol y se inmola en la penumbra.
Casi no veo tus ojos, pero sé que brillan.
Azahar.
Casi no ves mis ojos, pero sabes que brillan.
Toma mi mano.
Las hojas de los naranjos se adormecen.
Refresca. Abrázame.

Somos una silueta en un claro moribundo del paisaje.
Una figura nacida en el azahar del aire y en la noche recién llegada.

Tu cuerpo cálido templa el mío al abrazarme.
Nuestra figura, una sola figura, huele a azahar,
a nuestro azahar que perfuma los campos dormidos.

Somos azahar.

Se despiertan las hojas de los naranjos. 
Se hace de día.
Vamos.
Ahora somos aroma y nos debemos al viento.
Que él nos lleve adonde quiera.

Jordi Rueda

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