viernes, 8 de enero de 2016

Laberintos conexos



Caminaremos por nuestros pensamientos
buscando una salida que no lleve a la locura
Y hallaremos, a menudo, las puertas del vacío,
ese dulce vacío de la gente acomodada,
que no produce vértigo,
o quizá el acceso a un laberinto
que no es tuyo…
Un hermoso laberinto que ya nunca nunca nunca será ajeno
porque preferirás perderte en él
a perderlo.

Hay en tu cabeza un laberinto
y otro en la mía
que parecen conectados,
perfectamente conectados,…
y al salir de uno entras en otro
y se hace inevitable esa jaqueca
que algunos llaman amor.

Pero, ay, es tan bello no tener escapatoria
y estar así, atrapados en nosotros mismos,
alegres, libres del mundo,
perdidos en la enajenación compartida,
disipando los sentidos y las mentes,
arropados por la fantasía,
sin frío.

En realidad ya sabíamos que algún día,
ese día al que llamamos nunca, nunca, nunca,
hallaríamos dos abismos
porque las bocas de nuestros laberintos
no querrían besarse más.

Así no puede funcionar el mundo, nos decían.
Al carajo el mundo, respondimos.
Volveremos a él algún día, pensamos sin convicción.
Pero… ay, pronto volvimos.

Jordi Rueda

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