sábado, 21 de noviembre de 2015

Yo creo

Yo creo
¿Yo creo?
Creo en los dictados del aire
Creo en los dictados de la luz
Creo en los dictados de las musas
¿Las musas?
¿Qué musas?
¿Los dictados?
¿Qué dictados?
Los dictados divinos
¿Divinos? ¿Divinos como Dalí?
No. Divinos, mandatos de la eternidad.
Ah, la eternidad, eso sí.
Yo soy eterno en mi cerebro infinito.
Creo en la inmensidad de mi cerebro
o quizá en que mi cerebro forma parte de una inmensidad
¿La inmensidad y la eternidad existen o son conceptos?
No creo en los conceptos. O creo que no creo en ellos.
Creía en la duda, pero ahorita no creo en nada. 
Eso creo.
¿En nada? La nada no existe. Solo es un concepto.
¿La nada no existe?
¡Claro que existe! Mientras haya cosas existirá la nada.
Eso parece razonable:
las cosas pequeñas son pequeñas porque existen las cosas grandes.
Y si hay cosas finitas existirá la infinitud
Y si existe ¿existe? la muerte es porque existe la vida.
Y pienso  que mi cerebro es inmenso, infinito y tal vez inmortal.
¿Eso crees?
No lo creo, lo siento. Y siento porque pienso.
O sea: lo pienso.
Mi cerebro existe porque pienso.
Pensar es ser, estar, vivir. O eso pienso…
Pero también lo crees.
No sé.
Hasta hace un rato creía que solo creía en la duda.
¿Y crees ahora que crees en algo mas?
Tal vez en mi cerebro. Lo diré así:
creo en mi cerebro sobre todas las creencias y sobre todas las dudas.

Pero seguiré creyendo en la duda,
si no dudara… no tendría cerebro.
O eso creo.


Jordi Rueda

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