martes, 20 de octubre de 2015

Somos agua y nos helamos

Si se pudiera congelar el fuego
guardaría tus llamas y mis llamas
juntas, bien mezcladas,
quizá en la cubitera roja
la del hielo de las grandes ocasiones.

Si tuviera nuestro fuego congelado
en las noches largas del otoño y del invierno
tomaría un cubito con la boca
para dejar resbalar la lumbre roja
por las comisuras de mis labios,
gota a gota...
como si pudiera verterlas en tu cuerpo ausente 

Si pudiera congelar el fuego,
no te soñaría cada día en malas horas
ni sentiría tu presencia despiadadamente hermosa
vagando por la jaula perversa de mi mente.

Eres agua y yo soy agua, 
somos agua 
que no soporta el frío intenso sin helarse.
¡Maldito sea el frío! 

Necesito ser fuego algunas veces
para librarme de la nadas vaporosas
que llenan de escarcha mi cerebro.

Necesito ser fuego para templar mi cuerpo
y convertir en humo a mis fantasmas.


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