jueves, 9 de abril de 2015

El blanquito y la prieta

Cerca de La Habana Vieja
junto a un bar del Malecón
me apreté con una prieta
pa' bailar un rico son.

El aire de la bahia
venía tibio y con sal
y los labios de mi prieta
eran más buenos que’l pan.

El Morro estaba delante,
La Pastora más allá,
no esperamos ni un instante
en volvernos a besar.

Las olas se confundían
con la música del bar
y mis manos bien sabían
a la prieta acariciar

Yo le dije a la negrona:
Vámonos  pa’ otro lugar,
aquí todo es muy oscuro
y yo te quiero mirar.

--Tengo la casa en Vedado
¿me quieres acompañar?
--Yo vivo en Guanabacoa.
--Yo después te llevo allá.

Ya no les cuento señores
lo que pasó en el zaguán,
la negra entera tenía
la sabrosura del mar.

--Todas tus playas, negrona,
son buenas para nadar
y tus mares, qué te cuento,
casi me pudiera ahogar.

--Ay, mi amor, blanquito mío,
no te debes preocupar.
seré siempre tu sirena
para guiarte en la mar.

--Ay, mi prieta, mi negrona,
nada yo quisiera más,
pero mañana me marcho
y no nos veremos más.

--Pero, blanquito, mi vida,
cómo me vas a dejar,
si no hay más nada en el mundo
como podernos mirar.

--Cómo lo siento, mi prieta,
nunca te podré olvidar,
pero me espera una casa
en las tierras de ultramar.

Jordi Rueda

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