domingo, 1 de marzo de 2015

Gabo cantaba boleros

Gabriel García Márquez amaba los boleros. Se dejó bigote para toda la vida llevado de su admiración por Bienvenido Granda el Bigote que canta, popularísimo vocalista de la Sonora Matancera. También los cantó en un local de París para conseguir unos francos con los que combatir el hambre, cuando el periódico bogotano para el que escribía dejó de pagarle, a finales de los años cincuenta. 

Su devoción por Bienvenido Granda le llevó a convertirse en El Bigote que escribe. "En los momentos de su gran apogeo —relató Gabo— yo usaba el bigote muchísimo más grande y más poblado que ahora, y me llamaban los compañeros de trabajo El Bigote que escribe”. Después le conoció personalmente, en el Teatro Blanquita, de Ciudad de México, "y donde quiera que se presentara, lo seguía. Eran mis malos tiempos en México, cuando escribía 'Cien años de soledad". 

Esa referencia, la de Granda, le ayudó a vencer su timidez para cantar en L’Escale, club nocturno parisino donde se reunían muchos latinoamericanos: “Tengo miedo a los micrófonos y a las cámaras de televisión como a los aviones, pero las necesidades obligan en la vida”. 

Esas necesidades llevaron a García Márquez a experimentar un placer infinito "cuando en la oscuridad las parejas se amaban al idilio de un bolero". En momentos así, algo prodigioso se acompasa en el ánimo de los intérpretes de boleros, aliados musicales casi infalibles en las artes de la seducción desde hace más de un siglo. 

La obra literaria de Gabo tiene también un compás seductor. Los boleros, como los vallenatos y la música parrandera que gustaba de cantar con amigos, tienen, seguramente, mucho que ver con la huella que han dejado sus textos.

Jordi Rueda, mayo de 2014.

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