martes, 16 de enero de 2018

Ícaros

Con alas construidas con el mismo material que la pasión

quieren volar por encima del mundo y del dolor
y despegan en sueños compartidos hacia el sol.

Son portadores del sabor de las cerezas.
Llevan pinceles mojados en el corazón de una sandía
para teñir el cielo de nuevas armonías

Visten trajes color carne de melocotón
y se aprestan para próximas proezas
que nacen de su luz y su ilusión.

Son ícaros valientes y prudentes
que quieren alcanzar las nubes sin acercarse al sol.
No es de cera su delirio
¿o tal vez sí?

Llueve. Vuelan.
Las nubes son oscuras.
La tierra tiembla, abajo.
Caen.
Todo es un torbellino de polvo de carbón.
¡Hemos de remontar!
¡Subiremos!
La tierra se ha desmembrado, es una ruina.
¡Tenemos que subir, salvarnos!
¿Para qué?
La tierra parece haberse destruido…
¿Para qué vamos a pintar su cielo con colores nuevos?
¡Dejémoslo azul…!
¿Y de qué vale el cielo, azul o con colores, si no hay un mar que lo refleje?
Hay más planetas
Pero sin vida.
No la hay ahora… pero tal vez un día…
Ya no hay días, ni tiempo, ni espacio, ni colores.
Ya no hay nada más que una espesura de pavesas.
Un silencio gris que rompe los oídos con mentiras.
Como hacían en la tierra las palabras de los que se habían adueñado de las cosas.
Tal vez nos conviene despertar
y volver al pasado a combatirles.
Nosotros, con nuestros colores y nuestros sueños,
inventaremos mentiras verdaderas que les matarán de vergüenza.
Ah, si la tuvieran…
Levantaremos muros de amor para encerrarles.
Se asfixiarán de perplejidad.
Los oídos y las fosas nasales se les llenarán de moscas.
Cavarán pozos en busca de escaleras enterradas que les permitan asomarse al mundo,
a nuestro mundo de sueños invisibles a sus ojos,
a nuestros sueños de colores.
No resistirán.
Nosotros tampoco.
¿Quién sabe?
Lo bello no muere nunca. Tiene una esencia inmortal.
Volvamos.
Probemos.
Seamos.
Pintemos.
Vamos.

sábado, 6 de enero de 2018

La imposible mujer de mis soñeras

Ayer vi mis ojos mirándote en tu noche
y también me vi a mi mismo en tu soñera.
Observé después que, ya dormida,
tu pecho palpitaba 
sospechando, quizá, 
que te acechaba.

Te miré desde los ojos del tigre
y vi tu miedo. Estaba demasiado cerca.
Me aleje para no perturbarte.

Tus párpados temblaban.
Me convertí en jilguero
y entre mis gorjeos te apaciguaste,
aunque aún algún anhelo te impulsaba
a buscar un lugar, tu lugar,
en otro espacio.

Te hiciste golondrina y en la altura
exhibiste un distinguido y veloz vuelo,
indiferente al halcón que te miraba
con mis ojos cazadores y celosos,

Siempre quisiste volar con elegancia
y el placer de ser dueña del cielo,
la más ágil y bella de las aves,
pudo más que la prudencia necesaria
para sobrevivir a las ávidas miradas.

Qué bella fuiste, qué bella,
hasta que te rodearon mil rapaces
envidiosas,
que trataban de opacar tu vuelo.

Huyendo de aquella claustrofobia,
de las aves zafias que te circundaban,
despertaste temblando
y al ver mis ojos, ya piadosos,
me abrazaste.
Comprobé entonces que tu cuerpo estaba vacío.
Todo cuanto esperaba sentir y ver de ti
se había quedado en el aire de tus vuelos.

Cerré mis ojos de tigre, de halcón y de jilguero,
me entregué a mi propio ensueño,
y abracé tu cuerpo como si fuera otro,
como si fueras otra,
como si fueras ¡por fin!
la imposible mujer de mis soñeras.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Recogido en el silencio de la noche

Recogido en el silencio de la noche
pienso en ti
y quisiera dedicarte una canción
pero no lo haré

No debemos romper el silencio de la noche
pues sin él
quizá no pensaría en ti como te pienso
y al llegar el momento
de escribirte la canción
y de cantarla
mi voz y mi palabra
no serían diáfanas y exactas

Quiero respetar el silencio de la noche
para verte más clara
dibujada en la luz de las palabras
que nacen de mi noche silenciosa

Recogido en el silencio de la noche
pienso en ti
en ti que eres mi luz y mi palabra
en ti que iluminas mis recuerdos y mis sueños
en ti que solo existes en la noche silenciosa

No debemos romper el silencio de la noche
pues sin él
no existirías.

Recogido en el silencio de la noche
pienso en ti
en tu luz y en mis palabras

Recogido en el silencio de la noche
pienso en ti
en ti que eres mi luz y mi palabra
en ti que iluminas mis recuerdos y mis sueños
en ti que solo existes en la noche silenciosa.

Jordi Rueda

sábado, 23 de diciembre de 2017

A veces desamar es un presagio

A veces no conviene amar ni ser amado,
cuando amas imposibles,
o te aman quienes tratan
de hacer de ti lo que no eres
sin dar respiro ni a tu orgullo.

Otras veces conviene desamar lo amado,
cuando ya has entregado tus enigmas,
o nada nuevo hallas
en quien crees que aún amas.

Entonces, esas veces,  convendrá
dejar que desfallezcan los afectos,
sin batallas ni rencores,
si es posible.

Siempre duele un desamor,
se dice,
pero siempre o casi siempre
te llevará de vuelta a tu persona.

Entonces, solo entonces,
podrás amar de nuevo.

Desamar es un presagio,
muchas veces,
de otro amor,
un amor que nacerá,
si nace,
de tu limpia y avivada libertad.





viernes, 22 de diciembre de 2017

Ella leía

Ella leía
movía los labios
la fantasía agitaba su interior. 
Un mohín...
qué inquietos, qué lindos labios.
Si yo fuera parte de sus fantasías, l
a besaría.



martes, 19 de diciembre de 2017

Has olvidado el pintalabios en mi mesa de trabajo

Hay una curiosa asamblea en mi escritorio.
Ahí está mi cámara, un bolígrafo,
un teclado y su ratón 
y, algo hacia atrás, la pantalla del ordenador.
También está tu pintalabios violeta
y tu pulsera de piedrecillas de colores,
esa que yo digo que parece de una niña.
Hay dos bolígrafos más y un lápiz que no sé que pintan
ni qué quieren escribir estando ahí. El teclado es más rápido.
Una funda de gafas, lápices en un vaso, un abrecartas,
(estoy pensado en que sí que podría pintar algo
o manchar el papel, herramientas no me faltan),
tres libretas de colores,
varios blocs de espiral.
Hay dos teléfonos fijos. Un teléfono móvil
(podría llamar a alguien, a ti, por ejemplo,
para preguntarte si lo del pintalabios
es un descuido intencionado para recordarme
que tus labios son voluptuosos, sensuales, prominentes,
inquietos e inquietantes…).
Está tu tablet, en su funda,
te la habrás olvidado,
siempre olvidas algo con tus prisas.
También, junto a un teléfono, hay dos tarjetas,
la de un fontanero (sí, convendría cambiar la pila del lavabo)
y otra de un abogado
(¿vas a llamar a un abogado para tramitar tu divorcio, 
o sea el mío, es decir, el de ambos?)
Está bien.
Sabes que estaré de acuerdo
en que nos divorciemos de mutuo acuerdo,
lo que no entiendo es para qué quieres llamar al fontanero
¿acaso esperas que sea yo el que se vaya de casa?
No me jodas, nena, que trasladar todos los libros
y los discos…
con todas las notas que pegué en cada uno de ellos
(ya sabes que hace tres años que descubrí la utilidad del pósit).

También tengo en la mesa
una hoja escrita a mano
que dice… Ay, no, no quiero releerla,
es un apunte sentimental,
me enternece.
Qué cosas escribo a veces, menos mal, 
menos mal que rompo muchas notas.
Ah, hay una tuya, donde te recuerdas que deberías
llamar al señor Clodio ¿quién es ese?
¿Por qué dejas tus notas en mi mesa?
Como esas tres que has pegado en la pantalla del ordenador…
diciendo que no debería interesarme en muchachas jovencitas.
Con un poco de ironía me repites, me repites, 
que hice ayer el ridi en el supermercado.
Me dijiste allí,
después de comprar tus yogures de soja desnatados,
que no estaba bien que echara el ojo de modo descarado
a aquella veinteañera que iba con su madre 
empujando el carro lleno...
Pero es que fuimos los dos a la vez quienes cruzamos las miradas
Y las retuvimos. Y tu al vernos te pusiste celosilla…
Que ya no tengo edad 
para jugar al coqueteo con muchachitas
como si su impulsiva vanidad fuera conmigo,
y aun menos, aun menos, aun menos, con su madre al lado...
¡qué vergüenza!
Por suerte viste el jueguecito desde el área de lácteos,
algo lejos
(por cierto, mientras tanto hablabas sonriente con un calvo
¿da para ligar eso de admirarse ante la abundante oferta de yogures?)
De reojo, digo yo, verías que ella, su mamá y yo 
andábamos por la zona de conservas de pescado
sin cruzar palabra.
Estando algo más cerca no hubieras imaginado tantas cosas.

A mi no me turbó que su mamá se diera cuenta
de que los ojos de su hija se clavaban en los míos.
Solo eran miradas… aunque no sé qué pensaría
cuando la joven se echó atrás la chaqueta
y exhibió con tierna voluptuosidad el perfil de su cuerpo
(no sé si viste eso, mejor si no fue así, te irritaría).
Tal vez la mamá le echó un sermón después,
aunque si la chica tiene la personalidad que le supongo,
una reprimenda hará que se interese más por mí.
Pero yo solo la miraba, era bonita. No te sientas celosa.
No quiero que sufras por mis pequeños coqueteos.
Además, al supermercado solo voy si voy contigo.
Por cierto, si vas tu sola y ves al calvo de los yogures,
deberías evitar esa sonrisa tuya más que amable…
Y ese  fontanero… me has de decir para qué tienes su tarjeta…
y por qué te olvidas tantas cosas en mi mesa de trabajo,
que empieza a no ser grande si la ocupamos los dos, 

pero ¿sabes?
Podrías comprar un pintalabios protector y transparente
y olvidarlo más a menudo.
Podría tomártelo prestado para proteger mis labios resecos
(¡hace tanto que no nos damos besos húmedos!)
pero no me atrevo con el violeta.

Aunque ¡ja ja! se me ocurre una travesura:
me los pintaré y cuando llegues
y entres en casa sin mirarme apenas,
como siempre,
te llenaré de besos las mejillas.
Sé que no me darás tiempo a llevarte hasta el espejo
para que veas en tu cara las huellas moradas de mi boca.
Te encenderás como solo mi pasión puede encenderte…
Me abrazarás y tal vez me empujes al sofá…

Ay, qué rico ese arrebato.
Habrá que preparar la cena. La cena, sí.
Esperemos un poco. 
¡Qué relajo!

No te olvides otra vez el pintalabios en mi mesa
¿De veras quieres que tramitemos el divorcio?
¿Quién te ha dado la tarjeta de ese abogado?
¿Hay algún tipo que te gusta por ahí fuera?
¿No será amigo tuyo el fontanero?
¿Vas a ligarte al calvo?
No he vuelto a ver a la veinteañera del supermercado.
Era bonita.
Si sigues besándome en el pecho,
no pondré la mesa…
Amor mío, ya cenaremos más tarde.

Si mañana te olvidas otra vez el pintalabios en mi mesa,
tardaremos mucho tiempo en divorciarnos.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Una canción celeste

Fue una canción celeste ¿recuerdas?
Éramos deseo y la música
nos convirtió al amor.

Mírame y cierra después los ojos.
Yo te besaré en los párpados,
sentiré la calidez de tus ensueños
y abrazaré el delirio
de habitar los campos de tu mente,
ubérrimos.

En silencio, yo también
imaginaré un paraíso para ti.
Después te tomaré la mano
y al oído
te diré el secreto para entrar en él:
recordar aquella celeste melodía
a la vez que la recuerdo yo.

Me hallaré, entonces, en tu cielo
y tú en el mío,
entregados uno a otro
y uno y otro al infinito.
Y cada día, cada noche y cada día,
escucharemos nuevamente la canción
que llevó nuestra pasión
a la armonía.