viernes, 15 de diciembre de 2017

Una canción celeste

Fue una canción celeste ¿recuerdas?
Éramos deseo y la música
nos convirtió al amor.

Mírame y cierra después los ojos.
Yo te besaré en los párpados,
sentiré la calidez de tus ensueños
y abrazaré el delirio
de habitar los campos de tu mente,
ubérrimos.

En silencio, yo también
imaginaré un paraíso para ti.
Después te tomaré la mano
y al oído
te diré el secreto para entrar en él:
recordar aquella celeste melodía
a la vez que la recuerdo yo.

Me hallaré, entonces, en tu cielo
y tú en el mío,
entregados uno a otro
y uno y otro al infinito.
Y cada día, cada noche y cada día,
escucharemos nuevamente la canción
que llevó nuestra pasión
a la armonía.











lunes, 11 de diciembre de 2017

Tu piel

Tú te quitas la ropa
para estar conmigo,
para hacerme sentir tu piel,
cálida y dulce, 
para hacerme sentir lo que tú sientes.

Yo me desnudo de mí mismo
para que apenas me percibas,
para que goces por entero de ti misma
y para que mañana,
después, quizá, del olvido,
sigas sintiendo tu piel toda
cuando de nuevo te desnudes
como ahora.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Los bocados y los besos

Las cosas buenas te reciben con amor
si eres capaz de dejarte enamorar por ellas,
de improviso.

Son como emociones entresoñadas
que te agasajan en tus horas de pausa,
sin aviso,
como si las merecieras,
como si hubieras estado siempre enamorado
de esas cosas.

Así, las aguas finas y los vinos vivos.
Y los besos.
Así, unas sopas de ajo en días fríos,
berenjenas a la brasa, aceite y pan.
Y los besos
Así, las alubias pochas (con guindilla),
las lentejas salteadas
y los besos,
Así, los dulces postres y los besos dulces.
Así, las castañas confitadas o tostadas
y las nueces que partes una a una, sin premura,
y otra vez los besos.

Así, un revuelto de trigueros, entre besos,
o unas papas hervidas, con su piel arrugadita,
son bocados gloriosos
para quienes saborean la gloria sin remilgos.

Esa gloria es pasajera como el beso,
como las glorias todas, más o menos,
pero queda en la memoria de los labios
la vivencia,
pues los labios que han vivido buenas cosas,
los que no tienen prisa cuando son felices,
los que degustan con calma deleitosa
los bocados y los besos,
nunca olvidan.

martes, 5 de diciembre de 2017

Palomitas de maíz

(Escrito originalmente a finales marzo. Véanse las posdatas).

Tuve una amante, novia, esposa,
que gustaba de ir al cine a comer palomitas.
Casi nunca me imponía la película a ver,
pero sí las palomitas, que hacía crujir
entre sus hermosos dientes
que lucía al girarse hacía mí
sonriéndome, no sé si por cariño
o para exhibir el placer que le causaba 
verme obligado a aceptar esas cositas suyas.
Era una muchacha esbelta y bella
que cuidaba su figura y, para ello,
su alimentación:
poca sal y poco azúcar.
Pero en el cine se sentía precisada
de tener en el regazo un envase de palomitas
y a veces, al lado, una bebida de soda.
Le daba lo mismo que acabáramos de salir
de un restaurante.
Nada más entrar al recinto del cine
se iba a la barra en que expendían las golosinas
y pedía palomitas,
— Deme el tamaño grande.
Y se giraba hacia mí.
— Son cinco euros, churri. ¿Tú no quieres?
— No, acabamos de comer.

También tuve otra novia
que pedía palomitas en el cine
y a veces la merienda y todo.
Pero ella, además, escogía las películas
y le gustaban las de acción
y gozaba viéndolas en esos cines de butacas anchísimas
para repantigarse o hasta sentarse en posición de loto.
Ahí, con los filmes de sonora acción
(la secuela de ‘Matrix’ la vimos cuatro veces,
aunque yo nunca acabé de entenderla)
apenas se escuchaba el crujir de las palomitas
y he de reconocer que yo también comía,
porque íbamos a la segunda sesión,
esa que echan a la hora del aperitivo vespertino.
Creo que lo de las palomitas es un vicio,
a veces divertido, como hacerlas en casa en la sartén.
Y en el cine, cuando las películas son incoherentes,
ayudan a pasar el rato. Con esa sal, 
a la salida apetece más tomarse una copa de cava.

El otro día fui al cine con una amiga que me dijo
— Vamos al Comedia, nos cae cerca
y allí no hay palomitas,
no tendremos que soportar crujidos ni sorbetones
y podremos escuchar mejor la película.
Me pareció estupenda la propuesta de mi amiga encantadora.
Fuimos y disfrutamos de la película.
Había poca gente y era respetuosa. Con los teléfonos mudos,
como debe ser.

Lo malo fue al día siguiente, cuando leímos que ese cine
cerrará a fin de año.

Los tiempos cambian, es natural, 
pero alguien en esta ciudad debería elaborar
una lista de cines donde no se comieran
demasiadas palomitas.
Tendré que seguir recurriendo a mi adorable amiga.
Cuando salimos del cine el otro día
también nos fuimos a tomar una copa de cava
que nos supo muy bien;
mejor, seguramente, 
que si hubiéramos masticado palomitas.

Jordi Rueda

Posdata:  Un par de meses después hemos sabido que la cadena de cines Yelmo se hará cargo del Comedia. Es de celebrar, aunque ¿venderán palomitas?
Posdata segunda: Efectivamente, en noviembre de 2017, el antiguo Comedia alberga ya varias salas de los Cines Yelmo. Son muy confortables. Y en la taquilla expenden palomitas.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

El legado de los sueños perdidos

Dar paso al olvido, da paso el futuro. 
Caen sueños dorados. No los toquemos, dejemos que el viento se los lleve y que se difundan en la tarde otoñal.
Dueños de su despedida, se van luciendo sus últimas imágenes de belleza, dejando el camino limpio a otros sueños.
Nos legan su olvido para que el nuestro dé paso al futuro.
Jordi Rueda

lunes, 27 de noviembre de 2017

Efímero beso

Un beso efímero y cierto
embriaga el pensamiento.

Hay bocas que tienen alma
y el alma encuentra su igual
al darse toda en un beso.

Unos labios forasteros
al sentirse como propios,
alivian la incertidumbre
que envuelve al conocimiento.

El misterio se desvela
y sigue siendo misterio
en la embriaguez de un beso,
un beso efímero y cierto
¡tan efímero y tan cierto!

miércoles, 22 de noviembre de 2017

¿De qué color era tu pelo?

Aquellas tardes grises de un lejano invierno fueron el marco de algunos encuentros impetuosos y breves. 

Contra todo pronóstico, la llegada de la primavera sembró de conocimiento nuestra relación. La luz revelaba que no estábamos hechos el uno para el otro. 

Ella guardará, tal vez, un recuerdo vago de mí, desvaído como el que yo tengo de ella. Ambos, no obstante, atesoramos enseñanzas imperecederas sobre el amor y el deseo o, en buen orden, sobre el amor, el deseo, la pasión y el desamor. Hay horas grises que perviven como lecciones. 

El amor se sabe, el desamor se aprende. 

Gracias, maestra. 

¿De qué color era tu pelo? Te lo teñías ¿verdad? 

Jordi Rueda