lunes, 25 de septiembre de 2017

A veces la duda se equivoca

No te vayas a creer todo lo que estás pensando. Conviene atemperar la euforia de un pequeño hallazgo intelectual.
Naturalmente. Yo solo creo en aquello que me ayuda a identificar certezas invisibles, esas de las que voy a dudar una vez las haya comprendido.
Bien, es inteligente creer en la duda, pero tampoco creas del todo en la sabiduría a la que parece conducir, ni te acomodes en ella. La duda se equivoca tanto como la certeza. A veces conviene no dudar, aunque sea por un rato.

La verdad y la duda siempre son provisionales. 
¿Siempre? 
—Tal vez.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

¿Todos los caminos de la vida son de ida?

Si amargo hacemos el camino largo, 

más largo hacemos el camino amargo.

J.R.

Voy a salir y sé que no regresaré. Nadie vuelve nunca a su punto de partida. Mi rastro se borrará poco a poco y ya no encontraré el camino de vuelta. Tampoco nadie puede seguirme. Tal vez tú, que me gustas tanto, puedas acompañarme un trecho, solo un trecho, hasta que descubramos que el cuento de ir de la mano para siempre es eso, un cuento, solo un cuento. La vida obliga a cada uno a recorrer su propio camino. Hay una soledad inevitable en el viajero. Una soledad que es a la vez gozosa y triste, ilustrada e ignorante, perspicaz  y ofuscada, sabia y perpleja.

Un día, tu mano cálida se dará cuenta de que la mía está fría y no es capaz de recibir el calor de la tuya. O viceversa. Y es que avanzar juntos significa avanzar en paralelo… y los paralelos no se encuentran nunca

¿Volver? Imposible. Solo dando la vuelta al mundo podríamos llegar al punto en que partimos. Allí, tras miles de horas de marcha, celebraríamos una charla sobre las rutas seguidas, la tuya y la mía. Sería un buen momento de celebración, aunque estaríamos muy cansados, muy cansados, pero no tanto como para no tener fuerzas para afrontar sonrientes el último adiós.

Atrás no quedará nada de nosotros porque en el aire hay muchos pájaros y en la tierra, reptiles, hormigas o roedores dispuestos a comerse las migas que ingenuamente abandonaremos en el camino para dejar constancia de nuestro paso y, acaso, para tener un rastro que seguir para volver. Pero volver… volver es imposible.

Hoy, no obstante, podemos descansar juntos. Solo una noche, o solo mil noches. Una o mil noches que serán intensas porque ya sabemos que precederán a un adiós inevitable. Dame tu abrazo, recógete en mí. Deja que te ame como si no existieran los caminos. Yo haré que te sientas como si tampoco  existiera tu soledad. Necesito de la tibieza de tus labios, de tus manos, de tu cuerpo. La noche es fría; las noches son frías. Y el camino de mañana es largo, todos los días es muy largo.

lunes, 18 de septiembre de 2017

El tipo del espejo

En esta fosca habitación de hotel
hay un espejo colocado de tal modo
que parece verlo todo.
En cuanto me levanto de la cama
noto que hay alguien que se mueve en él 
y me mira cuando yo lo miro.
Siento pudor.
Me voy al baño y regreso 
con la cara lavada y perfectamente peinado:
ya soy capaz de mirar de frente al del espejo.
El muy impertinente se me parece,
pero es menos interesante que yo,
si bien en apostura me aventaja.
Parece, a ratos, 
uno de esos personajes medio fatuos
que van andando por ahí como
si estuvieran mirándose al espejo.

Bajo la vista y observo un viejo secreter de madera
de esos que tienen una Biblia en el cajón
y una carpeta de psudopiel encima,
con cuartillas en blanco con membrete,
el del hotel, en su interior.
Siempre tengo tentaciones de escribir
en una de esas cuartillas
que los hoteles dejan gentilmente 
a disposición del huésped..
A veces, incluso, me siento ante ellas,
pero entonces no se me ocurre nada.
El tipo del espejo observa mi cara de desencanto.

Descorreré las cortinas.
La luz exterior desafía a la interior.
Tomo una botella de agua del frigorífico,
es de un famoso manantial escocés.
Ligera, fresca, transparente.
Un agua excelente, a buen seguro,
para echar un chorrito a un whisky añejo.
Bebo. La sed se desvanece. Siento placer.
El tipo del espejo me sonríe.

Me visto. La chaqueta me cae bien.
La calle me espera.
En el espejo veo una mirada de ilusión.
El curioso que me observa en ese vidrio
sabe que tengo todo el día por delante
en una ciudad que bulle vitalmente.

Por la noche, cuando vuelva,
me sentaré ante el secreter
y escribiré una carta,
tal vez a mi mismo,
relatando algún momento de la jornada.
quizá una pequeña experiencia inesperada. Quizá.

Hasta luego, espejo. Nos vemos por la noche.


sábado, 16 de septiembre de 2017

Todo es jazmín

Ha llovido. 

El aire tiene un dulce aroma de flores mojadas.

En mi boca es como tus besos, húmedo. Cala y aviva los sentidos, relaja y anima a la vez.

Cierro los ojos y todo es jazmín. Todo.

jueves, 14 de septiembre de 2017

La lluvia tiene colores

La imaginación es la mejor aliada de la percepción.

Las gotas de lluvia tienen colores. En ellas, o a través de ellas, vemos el arco iris y los rayos.

El agua incolora, inodora e insípida tiene sabores de minerales, aromas de tierra o de árboles y refleja todos los tonos del iris.

La realidad necesita de la fantasía para ser interpretada; para poder apreciar sus relieves, sus matices y su infinita profundidad.

El que al mirar solo ve lo que ve, ve menos de la mitad de lo que hay. Debemos recurrir siempre a nuestra propia fantasía para tener perspectiva y para aproximarnos al fondo de las cosas.

Llueve y hay miles de colores en cada gota de agua. 

domingo, 10 de septiembre de 2017

Tiempo de tejer


Cambia el tiempo, avisa frío,
y es oportuno ponerse a tejer en este tiempo

Pronto me hará falta un jersey
como aquel de colores que me prometiste.

Sí, cuando me confiaste que te gustaba el punto.
Fue hace dos años, en invierno,
aquella mañana de tiritones
tras una noche de arrebatado amor;
de urgente comunicación carnal.

Entre sorbos de té, sentados a la mesa, desnudos,
compartiendo una manta vieja sobre los hombros
y un poco de pan duro y chocolate,
lo único que tenías en aquel cuarto
frente al mar.
Un cuarto
que alquilaste en verano
y que en el oscuro enero
con las ventanas cerradas
para salvaguardarnos
del salitre y la humedad,
era una celda triste

De niña tejía, imitaba a mi abuela.
Cuando termine mi proyecto académico
y tenga algo más de tiempo te haré un suéter de colores.

Nunca, desde entonces,
te he echado tanto de menos como en este cambio de tiempo.
Intuyo un invierno húmedo, gris.
Sin ti. Sin colores.
Desnudo sin ti. 

sábado, 2 de septiembre de 2017

El azar es sabio

Tahití. Café.
Gauguin. Colores.
No sé más de Tahití.
¿Qué sabes tú?
Poco, que está en el Pacífico,
que el clima es bueno,
que tiene visos de ser un paraíso,
que su nombre invita a soñar.
¿Vamos?
Vamos, sí quieres, pero separados.
Allí, 
con los ojos abiertos a la belleza,
 libres de recuerdos,
felices ante lo nuevo,
tal vez nos junte el azar
y descubramos
que el paraíso somos tú y yo 
 inesperadamente juntos,
como el día en que nos conocimos
en el Musée d’Orsay
y la venturosa realidad
empezó a parecernos tan hermosa
como nuestras fantasías.
 
 ¿Y si el azar no nos junta…?
Viviremos otras fascinantes aventuras.
El azar es sabio.


P.S.- Todas las imágenes que aparecen en este blog son originales salvo esta reproducción de la pintura de Paul Gauguin, ‘Arearea’ (1892), que se encuentra en el Musée d’Orsay, en París.